No he hecho nada en todo el día y no puedo más

Es de las frases que más se repiten en una consulta de psicología. Y casi nunca viene sola: detrás llega enseguida un «no tengo motivo para estar así», dicho a media voz, como quien confiesa algo.

Vamos a quitar esa parte de en medio, porque estorba. El cansancio no pide permiso ni comprueba antes si te lo has ganado.

Tu cuerpo no distingue entre un jefe y un jabalí

El sistema que se enciende cuando algo te preocupa es el mismo que se encendía cuando lo que aparecía entre los matorrales era un animal. Se prepara el cuerpo para pelear o para salir corriendo: sube el pulso, se tensan los músculos, la cabeza se pone a vigilar. Todo eso cuesta energía, y está bien que cueste, porque en el bosque duraba dos minutos y después venía la calma.

El problema es que una reunión el jueves, una conversación pendiente o una factura no se resuelven corriendo. No hay de qué huir y no hay con quién pelear, así que el sistema se queda encendido. A veces días. A veces meses.

Ahí está la respuesta a esa frase del principio. No has hecho nada, es verdad. Pero tu cuerpo lleva desde que te levantaste preparándose para algo que no llega nunca. Eso agota igual que cargar cajas, sólo que sin cajas que enseñar a nadie.

El tigre que empezó siendo un cachorro

Hay una imagen que ayuda a entenderlo mejor que cualquier explicación.

Imagina que la preocupación es un cachorro de tigre que aparece un día en tu casa. Es pequeño, da un poco de pena, y le echas algo de comer para que se calle. Funciona: se calla.

Al día siguiente vuelve, y vuelves a darle. Y así.

Lo que le das cada vez que vuelve es atención: darle vueltas, comprobar, anticipar, repasar por dentro la conversación que todavía no has tenido. Cada una de esas vueltas es un plato de comida. Y el tigre crece. Llega un momento en que ya no cabe en la cocina, come todos los días y ya no es que lo alimentes tú: es que organiza la casa entera alrededor de sus horas de comer.

Nadie decidió criar un tigre. Sólo fue dando de comer a un cachorro que daba pena.

Lo que sí ayuda

Dormir no es la solución, pero sin dormir no hay ninguna. El descanso no apaga la ansiedad —eso es pedirle demasiado— pero la falta de descanso la multiplica. Es el suelo sobre el que se puede construir lo demás; no es lo demás.

Mover el cuerpo, aunque sea poco. No por la teoría de las endorfinas. Por algo más simple: el cuerpo se preparó para correr y nunca corrió. Darle algo de esa descarga, aunque sea andar media hora, cierra una puerta que llevaba abierta todo el día.

Poner nombre a lo que hay debajo. La ansiedad casi siempre señala algo. Una decisión que se aplaza, una conversación que no se tiene, un límite que no se pone. Mientras se trata como un fallo del cuerpo, se pelea contra el síntoma. Cuando se mira lo que señala, a veces el síntoma deja de hacer falta.

Y lo que no ayuda, aunque lo parezca

«Anímate», «piensa en positivo», «hay gente peor». Con buena intención se dicen muchas veces, y todas suman lo mismo: la sensación de que además de estar mal, lo estás haciendo mal.

Estar ocupado todo el rato. Funciona mientras dura. Cuando paras —el viernes por la noche, las vacaciones— llega de golpe todo lo que no había tenido hueco para llegar. De ahí que haya gente que sólo se pone enferma cuando por fin descansa.

Buscar la explicación definitiva en internet a las tres de la mañana. Eso es darle de comer al tigre a deshora.

Cuándo merece la pena que lo mires con alguien

No hace falta tocar fondo para pedir cita. El criterio útil es otro, y es bastante sencillo: cuando lleva tiempo y ya has probado lo que se te ocurría.

Si duermes mal desde hace meses, si el cansancio decide lo que haces el fin de semana, si te descubres evitando cosas que antes hacías sin pensarlo — ahí no falta fuerza de voluntad. Falta alguien que mire contigo desde fuera, porque desde dentro del tigre no se ve bien la cocina.

Si quieres ponerle número

En esta misma web hay un test de ansiedad: ocho preguntas, gratis, y el resultado se ve sin dejar el correo. No diagnostica nada —ningún test de internet diagnostica— pero sirve para mirar de frente algo que a lo mejor llevas tiempo notando de reojo.

¿Cómo andas de ansiedad?